Difamación e injuria en la Web

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Difamador (del lat. diffamāre) El que desacredita a alguien, de palabra o por escrito, publicando algo contra su buena opinión y fama.

Injurioso (del lat. iniuriāre) El que agravia, ultraja con obras o palabras.

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Calumnia quien puede y quiere.

Siempre queda algo de una acusación falsa por más que se quiera componer lo que se ha querido dañar.

La receta de la calumnia contiene estos ingredientes: falsedad, malicia, dolo y una pizca de deshonra.

El calumniador tiene una lengua tan rápida como el pensamiento; sus movimientos “calculados espontáneamente”, van acompañados de comentarios llenos de veneno que hace circular sin escrúpulos.

No se le puede tener miedo a la calumnia, sin embargo, hay que cuidarse de no abrumarse por ella, estando consciente de que, el que la causa debe ser considerado un insolvente que nunca podrá repararla, porque se dice, que la calumnia es hija de la ignorancia y hermana gemela de la envidia.

Nadie está exento de caer en las redes de la calumnia aunque lleve una vida incuestionable, porque siempre hay un detractor que no pierde oportunidad para descargar sus frustraciones en alguien que no las tiene.

El calumniador, como el malhechor, no desaprovecha oportunidad para asaltar la honra del calumniado. Por esto también hay que cuidarse de escuchar palabras preñadas de maledicencia, porque nunca se sabe la intención con que se propalan éstas.

La calumnia se presenta como una brisa tenue, sutil, dulcemente expuesta que no deja espacio para la duda.

La mejor arma contra la calumnia no es la irritación, porque le allana el camino; más que justificarse ante una calumnia (los amigos no lo necesitan y los enemigos no te creerán), lo aconsejable para derrotarla es callar.

Duele la calumnia porque lacera el alma, y la palabra hiere más que la espada.

No obstante, es preferible seguir estando en paz consigo mismo, recordando aquel pensamiento de Rousseau, de que las injurias son las razones de los que no tienen razón.

Nadie puede arrebatar la paz de la que se disfruta, ni siquiera el calumniador, es un don de Dios.

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